Taller abanicos

 

Taller de abanicos 

Abanicos personalizados con pintura para textil.

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OBJETIVOS

Mejorar la capacidad expresiva y plástica, de manera que puedan materializar sus ideas con los nuevos recursos aprendidos, conocer el arte  de la abaniquería, Costumbres y Decoración.

HISTORIA Y PROCESO

La historia del abanico no es tan remota como se podría pensar en un principio. Algo tan simple como abanicarse con los más diversos materiales (plumas, hojas…) no dio lugar al abanico hasta una relativa reciente creación. Aunque existían elementos para “airearse” el abanico de cierre y varillas se remonta apenas a 5 siglos atrás. Existían elementos simples, como el conocido paipai de una sola hoja rígida con un mango o empuñadura, y de gran variedad en formas y tamaños.

Se cree que por el siglo XV entre los años 1.400 a 1.425 los abanicos llegaron a China desde Corea. Los grandes “viajeros” los trajeron a Portugal, España e Italia (cuna de los mayores descubridores del planeta). Aunque según recientes estudios se cree que los primeros abanicos plegables fueron introducidos en Europa por los Jesuitas. Catalina de Médicis los introdujo en Francia. En la corte de Enrique III, tomando como ejemplo el Rey que los utilizaba se hizo muy popular.

Pero la época de máximo esplendor fue durante los reinados de Luís XIV y Luís XV, en donde eran complemento indispensable en el vestuario de una gran señora. Se utilizaban materiales de auténtico lujo, como piedras preciosas, tafetán de Florencia (las telas italianas eran consideradas las más lujosas del mundo), oro y metales preciosos, etc. En el siglo XVII hacen su aparición en Inglaterra, pero el varillaje estaba sujeto a un mango rígido. Eran de gran tamaño, y adornados con motivos diversos, pintados por artistas de renombre.

Hay relatos en la  historia en las que aparece el abanico, este tuvo su gran época de esplendor como vehículo de un lenguaje invisible y cifrado con el que se podían expresar sentimientos e incluso se podían pasar contraseñas con la más variada finalidad. Aunque existe una compleja terminología, conocida como campiología para estudiar el lenguaje del abanico en función de la orientación del abanico y la forma de sujetarlo, nosotros vamos a dar

 

las posiciones que eran más conocidas, sin adentrarnos en complejos estudios sobre el tema.

METODOLOGIA

En este taller  pretendemos enseñar  como elaborar  a decorar tu abanico, conocer la técnica y como utilizar los medios para su fin. Es una manera sencilla y entretenida de invertir tu tiempo.

Contrastes, composición, profundidad, efectos. Luz, ¿Qué colores usar. Mezclas en la tela. Cómo dejar áreas en el sin recargar, Aprender a dar movimiento a lo que pintas. Aprender a pintar en blanco y negro. Cómo no “pasarse” con los colores

 

MATERIALES

  • Pinceles: n.2 y n.6
  • Temperas: de distintos colores dependiendo de la tonalidad que le demos al abanico.
  • Modelo de lo que vamos a pintar
  • Papel de calco de costura (a ser posible amarillo o azul, dado que no dejan huellas)
  • Un tarrito con agua para limpiar los pinceles.
  • Un trapito para secar los pinceles.

 

PROGRAMA

Primero dibujamos en el abanico el motivo que queremos pintar, o bien lo calcamos.

Lo tendremos muy bien sujeto, con la mano o clavándolo en una maderita con alfileres o puntillas.

Si lo calcamos, lo haremos como si se hiciera con dos papeles. Te recomiendo que uses papel de calca específico para telas, para no dejar manchas (de color amarillo o azul).

La otra opción es pintarlo directamente con un lápiz de grafito

Pensamos que color vamos a escoger para crear una armonía de tonalidades, dando tu toque personal.

Siempre hay que trabajar con mucho cuidado de no manchar, puesto que la mancha no tiene marcha atrás. En la tela no se puede borrar, solo se puede camuflar haciendo de la mancha una flor o un detalle que pase desapercibida que fue una mancha.

Para pintar el abanico que nos ocupa, primero escogemos un color, en este caso el turquesa (azul claro). Perfilaremos con un pincel muy fino los bordes de la flor.

Es muy importante limpiar muy bien los pinceles y secarlos antes de cambiar de color, ya que si nos manchamos las manos un poco podemos ensuciar el abanico.

En las zonas que nos interesan ensanchamos más el trazo.

Procedemos de igual manera con la segunda flor.

 

Los pistilos los hemos oscurecidos con unas pinceladas azules.

Con rojo pintamos unas bolitas dando un toque más vistoso de color al abanico. Hemos dado profundidad a los tallos con color marrones resultado que obtenemos es el volumen deseado. El resultado es un precioso abanico. También podemos utilizar otros diseños.

 

 

 

 

 


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